
El diario de Angus
Episodio # 0.6
Daniel el fotógrafo ingles corrió hacia la eskina de la calle Driggs y mi mama corrió hacia la esquina de Roebling pero ni rastro de mi papa, pudo haberse metido en alguno de los otros pubs que habían en la cuadra , kizas en el Trash Punk Bar, el Irish Pub o en el bar gay de la eskina, se ke a mi papa no le gusta despedirse y suele desparecer nomás, pero dejar a mama? dejar su fiesta? sus amigos? Conociendo a mi papa, claro -por que no?…Cuando mi mama y tío Daniel se volvieron a reunir en la puerta de El Centro Deportivo Comunal Roberto Clemente se escucharon de pronto las notas del “happy birthday to you” que venían de dentro del bar, mi mama y tío Daniel entraron deprisa y lo ke vieron fue conmovedor, las luces apagadas y los pocos invitados ke kedaban se desgañitaban cantando junto a la señora Jovita que sostenía un pastel con pokisimas velas y a mi padre que lograba simular el llanto con su sonrisa nerviosa.
Cuando acabo la canción mi padre cojio sus regalos, agradeció a la señora Jovita y salio de la mano de mi madre sin despedirse. Estaba ebrio, una cuadra mas allá los alcanzo corriendo mi tío Mariano, se dieron un largo abrazo y fue el único de kien papa se despidió, en la esquina de Bedford como en las pelikulas mi papa alzó el brazo y grito Taxi!!!. Un taxi sobreparó en medio de la calle y mis padres abordaron la nave amarilla de regreso a Harlem.
Durante la travesía mi padre prefirió hablar con el taxista mientras mama contemplaba la ciudad sin pensar en nada, ella no era como papa que le buscaba la sin razón a las cosas para poder entenderlas, para ella los únicos números en su cabeza eran los días que le kedaban aun en New York y la cuenta del taxi. Mientras la ciudad ejercia todo su encanto sobre mi madre mi papa hablaba con el taxista sobre la páprika y su importancia en las comidas de Europa del este, pero secretamente el también vigilaba el taxímetro correr, ese misterio de los taxistas y los taxímetros en New York fue algo que nunca pudo resolver, sentirse timado era casi un complejo que había desarrollado con los años, el no era como mi tío Mariano quien si sentía verdadero placer al viajar en taxi….mirando los números correr en la cajita pensó en tío Mariano y sintió envidia.
Miro a mi madre y sintio ternura – perfecto momento para sentir algo diferente a la absurda sensación de creerse estafado por un taxista hungaro. Mama tomo su mano y no lo soltó hasta que llegaron a la esquina de la 157 y San Nicholas en el barrio de Sugar Hill en Harlem. Mama pago los 30 dolares del taxi y papa pago la propina a regañadientes. En el edificio el ascensor estaba malogrado con un moreno y un mexicano adentro asi que tomaron las escaleras.
Es aquí donde supuestamente empieza todo, es esta noche del 4 de enero kuando -según mi padre, fui procreado, la misma noche de su cumpleaños numero 40, mientras mis padres subían las escaleras del edificio, en Brooklyn los últimos invitados de la fiesta dejaban el centro deportivo comunal Roberto Clemente, una ves que se fueron todos la señora Jovita puso un bolero de Tito rodriguez en la rokola y se puso a limpiar.

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