
El Diario de Angus
Capitulo 0. 4
La fiesta de 40 años de mi padre se llevo a cabo el jueves 4 de enero en el Centro Deportivo Comunal Roberto Clemente un pequeño bar para jubilados latinos en el corazón del bohemio barrio de Williamsburg en Brooklyn.
Hasta los 30 años a mi padre no le gustaba celebrar su cumpleaños, tenia el estigma de haber nacido un 4 de enero - lo cual solo le permitía recoger las míseras sobras de las fiestas de navidad y año nuevo, sin contar que sus regalos de cumpleaños los recibía por adelantado en las navidades, no eran sus amigos los valientes ke se atrevían a acompañarlo en sus fiestas, sino los juergeros mas convenidos y arrabaleros borrachines de ocasión, sus mas íntimos llegaban a sus fiestas desganados y con el hígado en la mano, solo hacían acto de presencia y al rato se retiraban con cualkier pretexto obvio y a la vista comprensible referente a la salud y los excesos.
Fue al cumplir 30 cuando mi padre decidió cambiar esta nefasta tradición, uso las festividades de navidad y año nuevo para publicitar su cumpleaños y se preparo hasta los huesos para recibir a una larga lista de invitados en casa de Stefan en el malecón de Chorrillos, por ese entonces mi papa ya se había hecho de alguna fama de buen cocinero y uso este gancho para asegurar al gentío. Es sabido por todos el buen diente y refinado paladar de nosotros los peruanos, podemos rechazar cualkier cosa menos una invitación a comer. Aquella noche se sirvieron tres tipos diferentes de fréjoles, canarios con piña y chorizo, negros escabechados, y los clásicos con tocino, papada y chalona. Mi padre demoro 30 años en comprender que no solo de trago vive el hombre y que compartir un plato de comida era tanto o mas que sentarse a beber cerveza. Desde entonces mi padre nunca dejo de celebrar y cocinar y su cumple llego a ser garantía de buen comer y beber.
Después de tomarse su jarra de chela en el Patriot aun era temprano, así que decidió dar una caminata por Chinatown, mientras andaba seguía haciendo y recibiendo llamadas de la gente que se apuntaba a la fiesta. Le gustaba andar por chinatown, entre fritangas, pescaderias y tiendas de celulares y sentirse uno mas de esos chinos siempre ocupados, por sus venas aun keda sangre culei heredada del abuelo de su abuelo.
Avanzo trankilo y sin prisa y en algún momento pensó en mi mama y dudo si vendría o no a su fiesta, kizo llamarla pero otra llamada entro en ese momento y luego se olvido.

En la calle Delancey tomo el tren J que cruza el East River y une el Lower East Side con el barrio de Williamsburg. Había atravesado ese puente muchas veces ya ke había vivido en ese barrio por mas de tres años luego del divorcio de su primer matrimonio.
Ya en sus ex dominios se bajo en la calle Marcy y camino por los Sures de Williamsburg hasta la calle Roebling, miro los lugares y calles donde habia vivido, dio la vuelta en Grand y llego al Centro Deportivo Comunal Roberto Clemente bastante temprano como para revisar que todo este en orden y tomarse un trago de ron con la señora Jovita, la dueña del local con la ke le unía una amistad casi entrañable, ese tipo de amistad que solo mi padre suele tener con personajes como la señora Jovita una madura mujer boricua que debió haber sido la perdición de muchos hombres en sus buenas épocas y que ahora regentaba ese pekeño local, como un bastión borinqueño en medio de los nuevos y refulgentes locales hipster del barrio mas de moda en New York.
Estaban revisando la musica en la rokola cuando llegaron los primeros invitados mi tío Mariano había llegado en el mismo tren con mi tío Magnus quien aprovechaba la ocasión para presentar en sociedad a su nueva novia, al rato llegaron mi tío Chino y mis madrinas Ana y Dafna, mi tío Jeferson, Chack, Rolando con mi tía Cusi, Juan Pablo y Carmen, Camila y Javier y hasta algunas exs de mi pa llegaron a saludarlo.
La comida estaba lista para ser servida, esta ves mi padre no cocino, acepto la comida como el regalo de cumpleaños de la señora Jovita, había arroz con gandules, pernil y ensalada. En un momento el centro comunal Roberto Clemente reventaba de gente que comia, bailaba y bebia, pero mi madre no llegaba aun y mi padre se pegunto una vez mas si vendria a su fiesta, esta ves se preocupo que este por ahí perdida y salio a llamarla pero justo llegaron mis tios Regis y Cecilia a invitarle un trago y otra ves se volvio a olvidar…

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